La tendencia natural de los seres humanos, ante situaciones de caos emocional es la de buscar a toda costa estabilizarse, tranquilizarse, inmovilizarse.
Quizás por esta tendencia, cuando acuden a una ayuda terapéutica, algunos suelen asustarse y evitar el caos que genera un trabajo interior, pues en vez de tranquilizar, dicho trabajo consiste en limpiar, revisar, discriminar, elegir, desechar… para que surja un nuevo y mejor ordenamiento, estructura y funcionamiento cognitivo, emocional, social y espiritual.
Correr el riesgo de permitirse un caos terapéutico en tiempos inestables o frágiles es propio de quienes ya tienen garantizado el éxito de su mejoría, cambio o sanación (diferencias que explicaré en otra oportunidad), por las siguientes razones:
- Solo cuando estamos en crisis, cuando ya lo que hemos intentado no resulta más, cuando los criterios o mapas antes buenos, ya no resultan… es que surge el espacio para que humildemente reconozcamos nuestras limitaciones personales y permitamos que la creatividad surja aportándonos lo nuevo que creíamos inexistente o imposible en nuestras vidas. Solo cuando tenemos situaciones que nos impulsan a saltar del nido, surge la urgencia del cambio y nos atrevemos a dar un paso a lo desconocido. Mientras tanto, somos capaces de tolerar la cómoda incomodidad que nos adormece y estanca.
- Desde esta perspectiva, y desde la metáfora mitológica, el caos es el detonador de un proceso creativo y fecundo de un nuevo orden de vida.
- El caos es un ritual de transformación, y como todo verdadero ritual conlleva su cuota de riesgo. Por ejemplo, los jóvenes de una tribu que se adentran en la selva para realizar un ritual de iniciación al mundo adulto, corren el riesgo de no salir vivos. La selva puede reclamar lo suyo de alguna forma, de manera tal que si regresa a salvo o completo. La tribu puede extraniarlos y necesitarlos, pero sabe que solo si realizan la iniciación de ser ellos mismos por entero tendrán el valor y la utilidad para la comunidad. Este es el riesgo que cada uno toma para su bien y el de toda la tribu.
- Igualmente, en nuestra civilización y cultura, todos necesitamos convertirnos en verdaderos hombres y mujeres. Necesitamos crecer y aprender para renovarnos y evolucionar.
- Por lo tanto, a mis clientes-pacientes siempre les aseguro que a pesar de los riesgos, si realmente están dispuestos a arriesgarse a confrontar su propio caos … se verán profundamente transformados en seres más totales, plenos y creativos.
Inspirado en artículo de Robin Rice


Sólo un pequeño comentario.
Sin caos no hay adaptación ni transformación. El caos, es precisamente la tremenda situación que nos mantiene despiertos (orgánica y mentalmente) para adaptarnos ante la incertidumbre y lo desconocido. ¿sabias que el próximo latido de tu corazón no puede predecirse? Sólo puedes predecir un promedio, pero el próximo latido específico no sabes ni nunca sabrás cuando aparecerá. Eso es lo que permite que nuestro corazón esté preparado para cualquier imprevisto. Si nuestro próximo latido fuera predecible, entonces (ya está demostrado) es claro que estamos enfermos. Porque precisamente, la enfermedad se caracteriza por una frecuencia estable y predecible de los latidos. Paradojal?¿ Hoy día, con la integración del caos y la incertidumbre en todos los procesos, ya se sabe que ojalá nos acompañen en vez de que se alejen. Vaya pues como una metáfora que te puede ser útil en tus procesos de ayuda a otros.
Un abrazo
Haroldo (en un break de vacaciones)